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Consecuencias
 
Edición N° 22
 
Julio 2019 | #22 | Índice
 
Cuerpos y Goces [1]
Por Marta Ricciardi
 
Marta Ricciardi

El reverso de la biopolítica. Una escritura para el goce[2] es el texto que estamos trabajando en el Cartel, el mismo nos propone un recorrido por el que J.–A .Miller llamó la última enseñanza de Lacan.

El acento está puesto en redefinir las relaciones entre el parlêtre y el cuerpo, en el reverso del planteamiento del discurso biopolítico[3] que trata al cuerpo en un conjunto de saberes, técnicas y tecnologías.

En cambio, el Psicoanálisis se ubica en la singularidad del síntoma de cada uno, en el reverso de esos modos de clasificación, muestra lo que Lacan propone: una orientación sobre el estatuto del cuerpo en nuestra cultura del goce. El goce es el nombre lacaniano de la satisfacción pulsional.

¿A qué llamamos partêtre[4]?

Es lo que leemos en Joyce el síntoma, como lo que viene en lugar del inconsciente freudiano: cuerpo hablante. Con esta apuesta, Lacan quiere situar de la forma más precisa, como impacta la palabra en el cuerpo, es un misterio, es el punto de real la unión de la palabra y el cuerpo; esto va más allá de la pulsión freudiana que reunía quantum libidinal y representación en la hipótesis de un mito fundador.

Si bien las pulsiones para Freud eran nuestros mitos, no quiere decir que “no es lo real”. Decir que las pulsiones[5] son míticas no es remitirlas a lo irreal, sino que se trata de un mito real, que hay real bajo el mito, y lo real que hay bajo el mito pulsional, es el goce”

El goce, satisfacción pulsional encierra una paradoja, consiste que ante todo es trauma, por lo que constituye un agujero en el tejido de las representaciones, presentándose como presencia de Otra cosa, que se inscribe en el síntoma y su lugar es el cuerpo.

“Él, es eso sin imagen y sin representación…” sin omitir que es… “preciso un cuerpo para gozar…”.[6]

El cuerpo cambia de registro como cuerpo hablante y de este hecho la experiencia es del registro de lo real. [7]

¿Y qué es un Psicoanálisis orientado hacia lo real, y qué llamamos cuerpo?, orientarse por lo real es orientarse por el goce, el cuerpo se inscribe como conjunto vacío, este otro estatuto no está ligado a la supremacía de lo simbólico, ni a la imagen en el espejo como en la primera enseñanza. En esta lo simbólico está articulado a un real que puede ser atravesado por el lenguaje y el cuerpo se sostiene por el significante, por el Otro que viene a regular el goce.

Esta supremacía de lo simbólico hace del sujeto marcado por el valor relacional de los significantes que lo instituyen cada vez.

En cambio en “Momento de Radiofonía”[8] como nos dice Eric Laurent en El reverso de la biopolítica define el cuerpo como superficie, el goce se presenta en exceso, no logrará inscribirse totalmente. El cuerpo será borde y superficie en el que se articula el sentido.

Subrayando este “Momento…” nos hace un aporte extraordinario justamente en pensar lo que Lacan propone: que nos orientemos en el mal estar actual de la cultura y tomar el cuerpo como sede de goce.

“la lengua del cuerpo es la del goce…y obliga a enfrentar su real…”[9]

Lo valioso de este texto es que nos introduce por el camino del cuerpo –goce.

El cuerpo será superficie de inscripción que soporta el objeto a. La consecuencia que tiene este estatuto de cuerpo, es que no se inscribe sobre o en, sino fuera del cuerpo; y es así que el fuera del cuerpo puede articularse con el cuerpo.

Este lugar fuera y articulado con los bordes erógenos del cuerpo, nos permite sostener la pregunta por el misterio del choque del significante con el cuerpo.

Y esta es una lógica muy distinta, por una parte porque se trata de los instrumentos de goce en más que no pueden suturar el lugar vacío, pero tampoco pueden hacerlo con el significante, estos pueden proliferar pero no pueden recubrir el lugar del cuerpo, pero sí se articulan con él.

Y por otra, vemos surgir el hiato entre el ser y el Uno. El ser se sostiene en un cuerpo y el Uno del instrumento de goce, está en exceso respecto del Uno del cuerpo. Sin embargo están reunidos en un mismo conjunto, que los yuxtapone como elementos, por muy heterogéneos que sean.

Lacan en Radiofonía dice:

“El conjunto vacío de las osamentas es el elemento irreductible con el que se ordenan, entre otros elementos, los instrumentos de goce, cubiletes, armas: subelementos más para enumerar el goce que para hacerlo entrar en el cuerpo”

Así es que en el parlêtre hay al mismo tiempo goce del cuerpo y también goce fuera de cuerpo. El goce fálico es disarmónico con el cuerpo al que también llama goce de la palabra.

El cuerpo hablante goza pues en dos registros: por una parte goza de sí mismo, se goza y por otra parte, un órgano de ese cuerpo se distingue por gozar por sí mismo, condensa y aísla un goce aparte que se reparte entre los objetos a.

Así el cuerpo hablante no es unitario como lo imaginario lo hace creer. Por ello es preciso que el goce fálico se separe en lo imaginario en la operación que se llama castración.[10]

Puede funcionar como un todo impidiendo el no todo.

La vertiente real del goce, llamado goce fálico fuera del cuerpo, es ilustrado por Lacan en “La Tercera” con lo que está afuera del dominio corporal[11] que irrumpe y que no viene del interior de la pantalla, revienta la pantalla. Trascurre entre simbólico y real, goce–fálico–pulsional que se presenta como síntoma y es “definido como irrupción de esta anomalía en que consiste el goce fálico, en la medida en que en él se expande y se despliega esa falta fundamental que califico como no relación sexual”

Este goce, se diferencia de otro tipo de goce al que hay que pensarlo como localizado en el cuerpo, entre lo imaginario y lo real.

En la clínica actual nos encontramos con cuerpos que no se sostienen frente al embate del goce fálico, y esta distinción respecto de este otro goce en el cuerpo. La última enseñanza nos da una pista a seguir indagando la relación entre ese goce que irrumpe como anomalía y puede recular y ese otro goce que sostiene la imagen corporal.

Lo que Lacan plantea con “el desciframiento se reduce a lo que hace cifra” a lo que hace que el síntoma sea algo, ante todo, no cesa de escribirse a partir de lo real.

Y si el trabajo de desciframiento no hace más que condesar goce articulado a la repetición, a la compulsión de la repetición, esta compulsión es un punto infranqueable bajo la forma de la puesta en acto del fantasma en la relación transferencial.

Entonces, ¿qué uso de esto que se repite en el síntoma? Lacan a eso va a afirmar que “gracias a los poderes del equívoco algo del campo del síntoma pueda recular”[12]

Lo entiendo, como que el uso equívoco del significante en la experiencia utilizado en su punto justo por el analista, ese desciframiento encuentra su límite.

En la experiencia nos valemos de los poderes de la palabra con la ambición de incidir por esa vía en la economía de goce de un parlêtre.

 
Notas
  1. Trabajo presentado en Noche de Carteles: CUERPOS Y GOCES, EOL Buenos Aires, 2 de mayo de 2019. Cartel: Lectura de El reverso de la biopolítica, Más Uno: María Marciani Miembro de la EOL y de la AMP, integran Ana Prieto, Silvia Martínez, Elisa Balsells, Daniela Milman, Eduardo Feresin y Adrián Secondo, participantes de la Sección Rosario.
  2. Laurent, E., El reverso de la biopolítica. Una escritura para el goce, Grama ediciones, Buenos Aires. 2016
  3. Biopolítica, término inventado por el filósofo sueco Rudolf Kjellen. Michel Foucault en “Economía Política y Biopoder, en Río de Janeiro 1973/74, es quien presenta los rasgos de la primera formulación de un discurso sobre el biopoder.
  4. Lacan, J., “Joyce el síntoma”, Otros escritos, Paidós, Buenos Aires, 2012, p. 593
  5. Miller, J.–A., “Tener un cuerpo” Lacaniana 17, EOL, Buenos Aires, p. 42
  6. Laurent, E., Op. Cit. p. 17
  7. Miller, J.–A., “El inconsciente y el cuerpo hablante” AMP scilicet X Congreso de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Rio de Janeiro. 2016 Grama Ediciones, 2015
  8. Lacan, J., “Otros escritos”, p. 425/432
  9. Laurent, E., Op. Cit. p. 11
  10. Miller J. –A., “El inconsciente y el cuerpo hablante” p. 32
  11. Miller, J.–A., “La tercera de Jaques Lacan”, texto publicado en Lacaniana 18, EOL, Buenos Aires, p. 20
  12. Ibíd., p. 29.
 
 
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